Archivado en: Música | Etiquetas: concierto, directo, Heroes del Silencio, Música
He de decir que soy un auténtico enamorado de la música en directo. No sólo si son mis artistas favoritos los que actuan, ya que lo verdaderamente especial de estos eventos es el sentir de la gente. El ver a cientos o miles de personas coreando las canciones como si ellos mismos las hubieran escrito, la energía que desprenden al no parar de bailar y saltar con cada tema, el seguir ahí esperando y coreando al unísono “oooooootra,oooooootra,oooootra” para al final gritar de júbilo cuando el grupo en cuestión concede unos bises o irse con una sonrisa y comentando los mejores momentos si ya no salen más.
Desgraciadamente, como todo en esta vida, cada día es más caro poder acudir a un concierto, pero ahorrando o seleccionándolos bien siempre sacas unos cuartos para conseguir una entrada.
Ahí empieza la primera prueba, ¡¡¡conseguir una entrada!!!. Son pocos los conciertos, pero en ocasiones es una misión imposible conseguir una entrada. Largas colas por la noche, servidores saturados, cajeros que se quedan sin papel y no las emiten…

Hace ahora casi 2 años, salieron a la venta las entradas para un concierto muy esperado por mucha gente, el retorno de los Héroes del Silencio. El sistema de venta era infalible. Desde las 0:00 del día 1 de Marzo del 2007 se podían adquirir las entradas a través de la red de cajeros de Ibercaja, usando su página web o acercándote a varias tiendas de discos que abrían a esa hora exprésamente. Vamos, que el que no consiguiera una entrada era porque no le daba la gana.
Pasé a eso de las 20:00 del día anterior por varias de las tiendas de música, estaban cerquita de la hora de cierre y ya decenas de fans empezaban a formar unas filas a tener en cuenta. Obviamente,en los cajeros no había absolutamente nadie.En mi ciudad sucursales de Ibercaja hay a montones, así que, no había que preocuparse. Tenía contacto con otras ciudades, y en Madrid o Tenerife (2 oficinas en toda la isla) a esas horas ya había gente rondando los cajeros.
A eso de las 23:15 fui al cajero más cercano, y ahí no había nadie, pero a los 5 minutos aparece una pareja preguntando si estaba esperando para lo de las famosas entradas. En ese momento decidí quedarme, pues además era el primero. Eso fue lo que despertó al resto, a partir de ahí empezaron a llegar personas de todas partes, algunos incluso afirmaban estar siguiendo el cajero desde el balcón de su casa y al ver gente bajaron a ponerse en la fila.
La misión era sencilla, estaba el primero en la fila, necesitaba 5 entradas de las caras (aquellas que te dan acceso a la zona a pie de escenario), tenía 2 tarjetas distintas para poder comprarlas (sólo se permitían 4 por tarjeta) y quedaban poco más de 10 minutos para que se pusieran a la venta. Detrás mío ya se agolpaban unas 70 personas igual de ilusionadas que yo porque por fin llegaba el momento de adquirir las entradas.
Cuando sólo quedaban 5 minutos, la gente me animó a entrar al cajero y tomar posición, tarjeta en mano ahí estaba yo. La introduje y probé por si acaso,pero no aparecía aún en música. En ese momento, miro a mi alrededor y la fila seguía creciendo, los que estaban al comienzo, esperaban pegados al cristal de la puerta sin querer perderse un solo detalle de un momento histórico.
Al fin llegaron las 12 y la gente se emocionaba por momentos, volví a meter la tarjeta, buscar en el menú y… ahí no aparecía nada. Repetí el proceso varias veces, pero conseguí el mismo resultado. El nerviosismo entre mi público crecía y se sucedían las llamadas a través de los móviles entre la gente. Todos teníamos a gente haciendo filas en cajeros, tiendas de discos, ordenadores… por toda España.
Pasados 20 minutos ya, por fin aparece en el menú de los conciertos y la victoria estaba cerca. La gente empezó a gritar y yo seguía las directrices del menú, cuando se cancela operación y me devuelve la tarjeta. Así pasé los siguientes 15 minutos. Cancelándose las operaciones automáticamente y en la que más había conseguido aproximarme era en una en la que había podido seleccionar el tipo de entrada, ¡nada más!.
La incredulidad entre la afición se desbordaba y de todos los rincones de nuestra geografía llegaban las mismas noticias, los cajeros se habían colapsado, los servidores estaban caídos y sólo la gente que llevaba horas esperando en las tiendas estaba consiguiendo su ansiado trofeo.
A los 50 minutos de seguir intentando como un loco conseguir mis entradas, conseguía ir avanzando cada vez más a través del menú. Oía una voz narrativa mientras leía la pantalla y no era otra cosa que aquellos que estaban pegados al cristal de la puerta siguiendo todos mis pasos!. Al fin pude confirmar la compra y empezaban a emitirse las entradas. Salió la primera… gritos de emoción entre el respetable… sale la segunda… y ahí se quedó todo. No emitió las otras 2 entradas!. Al menos en el justificante ponía que habían salido 2 de 4. Al fin tenía entradas para el concierto!!!
Pero ahora tenía un dilema en mi cabeza. Debía conseguir otra entrada más, pero claro, unas 100 personas estaban ahí fuera deseando que saliera del cajero tras casi 1h metido en él. Me pudo no sé si la razón o el miedo y decidí ceder el turno. Con las entradas en la mano y sonrisa de triunfo salí vitoreado por la puerta grande bajo los gritos de “toreeeeeeero, toreeeeeeeeero” y corriendo entraron mis sucesores.
Regresé a casa y me dispuse a llamar a otros cazadores de sueños para saber cómo iban sus particulares odiseas, esperando que hubieran tenido la misma suerte que yo.
La fortuna no les había sonreído, contentos y confiados en conseguir sus propias entradas, se alegraban de que al menos alguien hubiera podido.
Llegaron las 3 y pico de la noche, y aún seguían en el empeño. Decidí dar una vuelta otra vez por los cajeros de la zona. En un radio de 5 minutos a pie, lo menos tenía 8 oficinas distintas. En todas ellas había aún gente, mucha menos que antes, intentado desdesperadamente conseguir una de las preciadas preseas. Es curioso, pero entre el silencio de la noche sólo se oían los “bip” de las teclas pulsadas y los “uuuuuyyyyyyy” de aquellos que lo intentaban sin éxito.
Al día siguiente toda esta aventura salió en las noticias, miles de fans de los Héroes del Silencio llenaban los foros con críticas al sistema empleado e Ibercaja suspendía la venta de entradas hasta solucionar el asunto. Qué decir que las que se vendieron a través de tienda se agotaron en un suspiro.
Días después volvieron a salir a la venta a través del teléfono y la locura se repitió, pero afortunadamente, todos aquellos que conocía y estaban interesados, lograron conseguir las entradas. Otros muchos, quisieron hacer negocio a través de Ebay y lo consiguieron.
Como muestra, os pongo este video de youtube que enseña la increible fila formada alrededor de un Daily Price en Zaragoza para conseguir las entradas días después de la citada noche.