Archivado en: Cocina | Etiquetas: Cocina, cocina tradicional, cocinero, gourmet, receta
Desde que me he independizado tengo un mayor contacto con la cocina. No es que antes no la pisara, es que ahora tengo que ponerme manos a la obra todos los días y varias veces. Esta nueva situación ha hecho que empiece a reflexionar sobre el hecho de cocinar y he podido llegar a diferentes conclusiones.
Actualmente la cocina moderna se dedica a experimentar con los sabores, formas de cocinar… hacen una serie de platos con casi cualquier elemento,no digo alimento, pues la tierra o el oro no me parecen tal, y ya han sido empleados. Este tipo de cocina busca cómo impresionar al gourmet con exóticos manjares llenos de innovación culinaria. En muchos aspectos es discutida, primero por lo típico de que si eso será sano o no, y segundo por su alto precio y en ocasiones escasas raciones.
Pero hoy no voy a entrar en ese tema. Lo que realmente me ha hecho reflexionar es la cocina tradicional. He llegado a la conclusión, que aquello más que evolucionar y buscar nuevos sabores, era pura supervivencia.
Al igual que en mi situación, bendita crisis, antiguamente disponías de unos recursos más o menos limitados y con ellos debías apañarte. En el tema de los alimentos, debías jugar con la disponibilidad de ellos y con la caducidad de los mismos. A lo largo del tiempo se fueron inventando métodos de conservación, no porque fueran revolucionarios y buscasen experimentar sabores, sino porque la comida se estropeaba y entonces no tenías que comer.
Gracias a esas técnicas hoy tenemos nuestro tan amado jamón,por ejemplo, el cual viene ya desde los Íberos. Seguramente viendo que la carne del cerdo o se consumía rápido o debían tirarla, decidieron probar métodos de conservación. Cuando probaron con la sal no sabían que iban a conseguir uno de los mayores manjares que hay en la península ibérica.
Esto uno lo va aplicando a la vida cotidiana y se da cuenta de cómo pequeños detalles fueron creando grandes recetas. Lo más común es que a uno le vayan quedando pequeños restos de cualquier cosa. Por ejemplo,antes cogía el pan y hacía tostadas, las cuales son estupendas a la hora del desayuno o para preparar pan con tomate. Ahora me doy cuenta que cuando hago tostadas no es ya sólo porque me apetezca, sino porque tengo pan duro de hace 2-3 días y no voy a tirarlo. Lo tuesto y ya tengo desayuno o merienda,incluso hasta lo rallo para luego empanar la carne.
También ocurre con otras muchas cosas,el otro día se me fue la medida del arroz y sobró bastante. Está la opción de guardarlo en la nevera y ya se comerá más adelante antes de que se estropee, pero también tenemos la opción de hacernos el postre. Con algo de leche, azúcar que siempre hay por casa, cáscaras de limón (que vienen genial si antes exprimes el jugo del limón para cualquier otra cosa),canela en rama (ya tenía de otros platos) y la leche condensada que había sobrado de una fondue de chocolate, tras 15min en una cacerola salieron 4 raciones estupendas de arroz con leche.
Hay miles de recetas que debieron ser creadas por combinación de muchos “sobrantes”. Una cena muy socorrida en mi casa, es tener bases de pizza en el congelador. Empleas parte del bote de tomate que abriste para hacer la salsa de la pasta, coges de la nevera restos que han ido quedándote de cebolla,pimientos,queso rallado… y con un toque de orégano y alguna que otra especia,ya tienes lista una fantástica pizza, que además te ha salido la mar de barata.
En tiempos de crisis uno agudiza el ingenio y ya no sólo se busca el ahorro sino que también innatamente se desarrolla la creatividad hasta límites insospechados.